· EN LA PLAYA NUDISTA.

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Dolce vita

   Estamos en pleno Verano y con él ha llegado como siempre la temporada de disfrutar de la playa, aunque algun@s lo hacían ya en Primavera para tomar el sol y otr@s en Otoño y en Invierno para pasear, incluso otr@s much@s para meditar, para encontrarse cara a cara con sus pensamientos e inquietudes o quizá, para organizar sus ideas, desordenadas en su paso por el estrés, por las preocupaciones o sencillamente por los duros e inciertos avatares de la vida. Hasta l@s habrán que no la pisan nunca, porque para gustos hay colores y más aun, todos respetables. Lo cierto es que el Verano ha llegado a España como a otros muchos lugares, pese a que en otros están en pleno Invierno. Y lo ha hecho trayendo consigo más horas de luz y por tanto jornadas más largas que de algún modo están mas llenas de vida, de alegría, de actividad. A mi al menos, como a tant@s otr@s, el frío me paraliza.

   Sé que much@s de vosotr@s, por ejemplo tú, te estarás preparando para pasar una jornada de playa, es posible que para pasar la tarde, para gozar de un rato de sol, tal vez sol@, con amig@s, con tu pareja o con tu familia. Pues mucho cuidado con él, porque a pesar de que el sol es uno de nuestros queridos amigos, que dan la vida al planeta que habitamos, en los tiempos en que vivimos en los que la humanidad o realmente una pequeña parte de ella está destrozando nuestro hogar, la Tierra, el astro dador de vida se ha vuelto peligroso. Así que no olvides la sombrilla, carga en tu bolsa de la playa un protector solar que sea potente y ni se te ocurra exponerte al sol en las horas del mediodía solar o en las que estan cercanas a él.

   Pero dime, ¿a que tipo de playa vas?, ¿a una textil o a una nudista? Si vas a una playa textil, imagino que conforme vaya avanzando la mañana, otros amantes de la arena irán colocando toallas y más toallas a tu alrededor, sobre las que descansarán por ejemplo, niñ@s…  ¿he dicho niñ@s?, no est@s estarán haciendo un castillo de arena, est@s no descansan nunca, pero sí familias que además colocarán una mesa de playa para comer, para jugar al parchis o a las cartas o quién sabe, es posible que cerca de ti o justo a tu lado, se instale un bomboncito portando un minúsculo bikini o que quizá haga topless o un fornido muchachote, de los que se machacan en el gimnasio y tienen el aspecto de Silvester Stallone—véase, Rambo—. Llegado cierto momento querrás bañarte y ahí llegará tu verdadero via crucis, puesto que tendrás que sortear todo tipo de obstáculos como las toallas, cual laberinto de feria, un pozalito de playa, un rastrillo que tal vez se te clave en la planta del pie provocando la intervención de la cruz roja, un castillo de arena que a lo peor pateas sin darte cuenta con el cosiguiente cabreo y llanto del chiquill@ de turno, una bolsa que dios sabe lo que pueda contener, desde bocadillos hasta bronceador, pasando por los artefactos más inverosímiles para un día de playa… pero no, bromas aparte no creas que estoy criticando tu playa favorita, me encanta la playa y durante muchos años la playa textil representó mi cercanía mas directa al mar. Además, en ellas es donde habitualmente más servicios tendrás. Y oye, que cada un@ va a donde le apetece!! 

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   Sin embargo, si eres de l@s mí@s, es decir nudista, sabes tan bien como yo que las playas nudistas son afortunadamente más tranquilas y transitables, la aglomeración o no existe o es mínima. Pero a pesar de que esta circunstancia es un atractivo, no es ahí donde reside el encanto de las playas nudistas. Creo que está muy claro tanto para l@s “playatextiles”, como para l@s “playanudistas”—términos que acabo de inventarme y que espero que algún día acepte la Real Academia de la Lengua Española—, que las motivaciones para frecuentar la playa nudista son diversas. Ciertamente l@s habrán que tomarán el sol desnud@s por motivos de la propia imagen, para evitar las antiestéticas marcas blancas del bikini o del bañador, bien por motivos laborales—un/a modelo por ejemplo—, o simplemente porque no les agrade que su cuerpo sea bicolor durante el Verano y el Otoño como mínimo. L@s habrán también que irán, por el deseo de sentir la integración en la naturaleza del modo más completo posible, de vivirla en el más amplio sentido del concepto y l@s que las visitan y disfrutan por la sensación de libertad que proporciona deshacerse de un mal endémico social, del tabú que conlleva el desnudo. Porque dirigiéndome a quién corresponda,—me gustaría pensar  que sois l@s menos—, dirigiéndome a aquell@s de vosotr@s que tenéis una imagen distorsionada del nudismo, los nudistas, los nudistas de verdad ni somos exhibicionistas ni frecuentamos las playas nudistas con la intención de “mostrar” nuestros cuerpos desnudos a los demás, ni hacemos orgías en el bosque ni nada parecido. Aunque bien es cierto que para liberarse de un tabú, es necesario mostrar la actitud contraria a la que representa  ese tabú al entorno social, lo que hacemos es simplemente un ejercicio de naturalidad, liberados como decía del tabú del desnudo, para gozar de la naturaleza de un modo libre.

 

MI EXPERIENCIA PERSONAL.

Yo, nudista

   Me sorprendí gratamente, la primera vez que fuí ya hace años a una playa nudista. Albergaba mis dudas en cuanto al hecho de si me sentiría observado, pero a pesar de ello quería probar. Tras desplazarme en mi coche unos 40 kilómetros—incluyendo un tramo final de camino de tierra, por el que solo cabía un vehículo que más parecia una ruta por la selva—, llegué a la susodicha playa, una playa de arena fina y cuidada aunque más salvaje que cualquiera de las textiles cercanas; aparqué mi pequeño vehículo de color gris plata y caminé sorteando algunas dunas, hasta que llegué hasta la amplia franja de arena; como presuponía porque era evidente, la visión era la de una playa habitual, solo que más despoblada y en la que los cuerpos de mujeres y hombres, de ancian@s y niñ@s   permanecían en lo mas álgido de su naturalidad, desnud@s. Llegué, casi quemándome las plantas de mis pies descalzos, hasta un lugar cerca de la orilla, extendí mi toalla sobre la arena y tímidamente me despojé por completo de la ropa que llevaba puesta, incluido el bañador. Aunque por ser la primera vez que estaba desnudo ante más de una persona, me sentí algo azorado, no tarde en experimentar esa sensación de libertad de la que hablaba y por supuesto no me sentí observado en ningún momento, ni más ni menos que en cualquier playa textil. En mi entorno, ese entorno natural y libre hombres y mujeres desnud@s, disfrutaban del sol y del mar; desde personas solas, pasando por parejas o grupos de amig@s, hasta familias enteras desde l@s abuel@s hasta l@s niet@s. Observaba a mi alrededor, con esa mirada general que no se dirige a nadie en concreto, que cada uno iba a lo suyo, como yo de no ser porque en ese momento aun me preocupaba sentirme observado—eran mis primeros  minutos en aquel maravilloso escenario—; un@s escuchaban música en su walkman, otr@s leían, otr@s jugaban a las palas, a las cartas o se bañaban… Aunque como comentaba, cada un@ acude a estas playas y desnuda su cuerpo al sol por una motivación concreta o por varias a un tiempo, el nudismo llega a ser mucho más que tomar el sol sin ropa o pasear desnudo al aire libre, llega a ser una filosofía de vida. A partir de ese momento, esa playa, que para más señas es la playa nudista de Cullera, en Valencia, me enganchó, el nudismo, la sensación de libertad, autoestima y reafirmación en uno mismo que proporciona, me engancharon.

 

VESTID@S EN LA PLAYA NUDISTA. 

chica nudista 

   Pero además de las personas que desnudamos completamente nuestra piel  al sol, en la playa nudista suelen haber otro tipo de habitantes. Están por ejemplo l@s que yo llamo “paseantes de la orilla”, que desde la playa textil caminan y caminan, hasta dentrarse en la nudista, lo cual no me parece demasiado correcto simplemente por una cuestión de respeto. No es que me importe ni moleste su presencia en absoluto y creo que en este asunto puedo hablar en nombre de un gran número de personas que como yo, son nudistas; el nudismo parte de una voluntad e iniciativa personales y no está o no debería de estar condicionado por la presencia de personas vestidas, pero en un tema controvertido socialmente como este, entramos en el territorio del respeto. Se trata pues simplemente de una cuestión de eso, de respeto, puesto que aunque la playa es pública y por tanto patrimonio de todos, si en la playa textil no se puede ejercer el nudismo, en la nudista no creo que sea correcto ir vestido. También habitan estas playas l@s player@s que van en pareja, dándose en algunos casos, la circunstancia de que un@ de ell@s es nudista y el otr@ no, con lo cual un@ campa a sus anchas desnud@ y el otro vestid@… comprensible y lógico, ni hay que obligar  al textil a que se desnude, ni al nudista negarle que disfrute del nudismo… una decisión salomónica. Y a veces, aunque por fortuna las menos, también está ese repugnante, mal educado, reprimido  y asocial “chiquidicuatre abrazafarolas”,—en esta ocasión hablo en masculino y aludo a este personaje sin ningún respeto, sencillamente porque no lo merece—, al que se suele llamar… Mirón. Obviamente se advierte  la presencia y actitud de este especimen,  porque no tiene ningún reparo en ser descubierto. En este caso opino que se trata de un ser tan pequeño, con tan poca personalidad, tan reprimido e irrespetuoso que además de dar pena, ni siquiera hay que perder el tiempo molestándose por su presencia. Ciertas actitudes relacionadas con la belleza del desnudo, con un cuerpo  bonito, desnudo, posiblemente apetecible  y todas las connotaciones que puede  tener,  deberían de ser postergadas para otros momentos consensuados y más adecuados.

   A ti  que te consideras “playatextil”, deseo expresarte el mayor de mis respetos,—faltaría más—, y pedirte que no entiendas esta reflexión como una crítica hacia las playas textiles y mucho menos a ti, solo se trata de mis pensamientos y reflexiones, imagino que compartidas por much@s, esparcidos en la red acerca de las playas textiles y las nudistas, con los que quizá entiendas mejor el nudismo y no tengas, si es así, una visión distorsionada de lo que representa en realidad; bueno… y si he conseguido animarte a probar… ¡genial!

   A ti que en este momento estás indecis@, acerca de visitar una de esas playas en las que, como decía el grupo de pop español Radio Futura , en uno de sus famosos temas: “En las piscinas privadas las chicas desnudan sus cuerpos al sol”, te animo tanto si eres chica como dice la canción, como si eres chico a que lo hagas, a que te liberes de ese tabú,  a que te des cuenta de que el cuerpo desnudo es simplemente algo natural. En  una playa nudista tendrás, en alguno  de los casos, menos servicios que en una textil, sin embargo la sensación de libertad y de liberación de tabúes, es muy gratificante y vale la pena.

   Y a ti que como yo, vives en un sentido más amplio la naturaleza, desearte que sigas disfrutando de ella el tiempo que le quede.

   Yendo por delante siempre y de un modo firme, mi reconocimiento y exaltación del libre albedrío de las personas, recibid un@s y otr@s mis saludos más afectuosos y sinceros. Desnud@s o vestid@s nos vemos en alguna playa del mundo.

                                                                                                  Sergio Amado.

a-barrapluna


Una respuesta to “· EN LA PLAYA NUDISTA.”

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