· LA FIGURA HUMANA EN EL ARTE. I

 La figura humana en el arte.

 

I. LA REPRODUCCIÓN ARTÍSTICA DEL CUERPO HUMANO EN GENERAL.

La figura humana ha sido y sigue siendo la misma desde hace miles de años, y sin embargo, su reproducción por el arte presenta variaciones y particularidades en las cuales pueden reconocerse una época artística o un artista perfectamente determinados.

   La concepción del cuerpo desnudo en el arte es una estilización condicionada por la civilización, por la moda, por el traje y por las influencias técnicas; partiendo de los comienzos más primitivos, llega hasta la selección del cuerpo naturalmente verdadero y, finalmente, del cuerpo naturalmente bello.

   En el desenvolvimiento general del arte pueden distinguirse dos grandes épocas:

   Iª La antigua, que abarca desde los más remotos orígenes del arte, hasta el florecimiento grecorromano.

   2ª La moderna, en su más amplio sentido, que comprende desde el arte cristiano primitivo hasta nuestros tiempos.

   La época antigua arranca desde la contemplación directa de la Naturaleza y se perfecciona, en el periodo floreciente de Grecia, hasta llegar al tipo ideal, abstracto y generalizado del hombre bello.

   Primeramente se representa el cuerpo humano de una manera exacta desde el punto de vista fisiológico, pues el primer motivo para la reproducción del hombre lo suministra la atlética figura desnuda del vencedor en los Juegos Olímpicos y después de ella, también la de los dioses desnudos.

   El rostro-máscara estereotipado subsiste todavía en una época en la que el tronco y las extremidades aparecen reproducidos con una gran perfección.

   La glorificación del hombre bello desnudo, la individualidad, la pasión, se purifican hasta ser respectivamente religión, ideal de belleza y noble reposo  y aun en las postrimerías del florecimiento helenorromano, las figuras en actitudes movidas y las estatuas retratos constituyen verdaderas excepciones, a pesar de ser consecuencia del proceso evolutivo.

   El arte antiguo es meramente intuitivo y desconoce tanto la anatomía como la perspectiva. El arte moderno se inicia con la civilización cristiana y con el ingreso de los pueblos septentrionales en el arte; también arranca, en primer término, de la contemplación directa del natural, si bien no libre, si no supeditada al estilo arquitectónico.

   Se comienza por reproducir el rostro con fidelidad fisonómica, pues los dolores del Salvador, desnudo y clavado en la cruz, constituyen el primer motivo para la reproducción del hombre. El dolor que determina la muerte, alcanza una expresión de verdad natural conmovedora en la animación fisonómica del rostro, en una época en la que el cuerpo es reproducido de una manera torpe y primitiva.

   El cuerpo desnudo se considera como un signo de vergüenza y no es objeto de adoración en el culto religioso. Cuando la comprensión artística comenzó a interesarse por el desnudo, el arte se dedicó también a temas profanos y de aquí que el desenvolvimiento del mismo no nos ofrezca la deitificación típica, sino la reproducción realista del tipo popular y de la individualidad.

   A esta tendencia norte-cristiana realista, proveniente del estilo arquitectónico románico y gótico, se une el Renacimiento de la tendencia idealista procedente de Italia y que se desarrolla sobre la herencia del arte antiguo.

   A la consideración ingenua y directa del natural se agregan entonces el estudio consciente de las leyes de la Naturaleza y el conocimiento de la anatomía y de la perspectiva, que imprimen un carácter científico en la época moderna.

   Y al conocimiento de la anatomía y de la perspectiva acompaña una técnica más perfeccionada. Con la pintura al óleo, el arte moderno adquiere posibilidades de representación con las que ni siquiera pudo soñar el arte antiguo; y con la fotografía obtiene una observación objetiva del natural, incluso en movimiento, que antes el ojo humano no podía percibir.

   También se ha ensanchado el campo de los temas representados, pues a las figuras bíblicas y a los mitos clásicos que sirven de pretexto, no para honrar a Dios, sino para glorificar el cuerpo humano desnudo, se unen las alegorías y los sucesos tomados de la historia y de la vida corriente.

   El que, teniendo en cuenta todas estas condiciones previas,  procede a estudiar una obra artística en su verdad o en su belleza naturales, debe poseer antes un conocimiento claro de la norma que a ello debe aplicar.

   Todo cuerpo vivo es verdadero desde el punto de vista de la Naturaleza, pero no todos son bien conformados, sanos, normales y mucho menos bellos.

   De aquí que, aun respecto del natural, sea preciso ejercer la crítica para determinar la noción del hombre naturalmente normal y naturalmente bello; y esto se consigue por un procedimiento de sustracción, eliminando las formas desfiguradas por una mala estructura, por una mala alimentación, por enfermedades o por la opresión de los vestidos.

   El término medio de lo que queda después de esa eliminación es lo que determina el hombre normal; para llegar al hombre bello se requiere una selección más rigurosa que sepa entresacar de los tipos normales, las figuras mejor desarrolladas. Solo cuando se trate de la representación de estados especiales, por ejemplo de un enano, de un jorobado, de un enfermo, de un cadaver, será preciso admitir como término de comparación las correspondientes formas inferiores.

 

La figura humana en el arte

  

   La base de las formas externas del cuerpo se halla determinada por el esqueleto. Además los músculos, los tendones, las articulaciones y la piel con sus adiposidades de espesor vario, completan la plástica de la superficie, contribuyendo al mismo fin la influencia de los órganos internos.

   La estructura del cuerpo normal se caracteriza por la simetría, es decir, por la correspondencia de la mitad derecha y la mitad izquierda del mismo. Todos los hombres tienen, en mayor o menos grado, en su estructura corporal pequeñas irregularidades, que Grauup califica de “asimetrías normales” y que constituyen el carácter personal, no pudiendo considerarse como defectos sino cuando destruyen la armonía de una manera notable.

   De ello se deduce que para juzgar la buena estructura hay que partir de la simetría estricta, es decir, de la concordancia exacta de la mitad derecha y de la mitad izquierda del cuerpo; pero sin considerar las pequeñas irregularidades como defectos, sino como particularidades individuales. A parte de esto, el cuerpo humano ofrece una regularidad en las relaciones de tamaño de las distintas partes estre sí y con el todo, osea en las proporciones.

   Cuando por el procedimiento ordinario, mediante la exclusión de los defectos anatómicos, de la mala estructura corporal, de la mala alimentación, de la opresión de la vestimenta y de las influencias morbosas, hayamos determinado el estado normal del cuerpo humano  vivo, entonces podremos juzgar las representaciones artísticas, ya sea porque en la obra de arte se hayan omitido los defectos del modelo, ya sea por el contrario, porque aparezcan claramente por la comparación con éste, los defectos de aquella.

   Según el modo de representación, se divide el arte plástico en general, en escultura o representación corpórea y pintura o traslación a la superficie, a la que también pertenecen, tomándola en el más amplio sentido, el dibujo, las artes gráficas y, según el concepto de Leonardo Da Vinci, hasta el bajorrelieve.

   En los capítulos siguientes veremos, según el modo indicado, la reproducción del cuerpo humano desnudo, después de haber comparado la figura normal natural con la figura norma artística, que varía en el transcurso de los tiempos.

   De los pueblos que han permanecido ajenos al gran proceso evolutivo común, todas las ramas pertenecientes a las razas primitivas y a la raza  negra, se han mantenido en estado de inferioridad.

   De los pueblos blancos, los islamitas, obedeciendo los preceptos de su religión, se han ocupado muy poco de la representación del cuerpo humano; en cuanto a los budistas, sus tendencias artísticas deben ser consideradas, según manifestaciones de Grünwedels, entre otros, únicamente como retoños del arte griego, cuyo desarrollo se malogró a consecuencia de la estilización y del esquematismo.

   De los pueblos orientales, solo los japoneses han ejecutado modernamente, pequeñas esculturas polícromas en madera, que con asombrosa naturalidad y extraordinaria fidelidad anatómica, hacen entrar en los dominios de arte el tipo de la raza mogola.

 

Fuente: La figura humana en el arte.   Dr. C.H. Stratz

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Una respuesta to “· LA FIGURA HUMANA EN EL ARTE. I”

  1. [...]   PRIMERA PARTE DE [...]

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